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February 28 agresividad en los perros, motivos para provocarla:El problema de los ataques de perros a personas y el tremendo alcance mediático que han tenido algunos episodios ha favorecido la creación de una serie de mitos o estigmas sobre la agresividad canina, simplificando el tema para así también crear soluciones simples. Se nos inculca que la agresividad es una característica anómala presente principalmente en un puñado de razas específicas y se deja de lado la educación sobre el tema.
La interacción entre dos especies gregarias, pero con distintos códigos para expresarse lleva a conflictos y malas interpretaciones. El hombre como animal principalmente visual es ajeno al mundo olfativo del perro y este, con conductas diseñadas para su sobre vivencia en la naturaleza, debe satisfacer sus instintos en un entorno artificial, aprender a relacionarse con otros animales domésticos y también humanos, que responden de forma diferente a sus gestos corporales y rituales, y así convertirse en una especie de mascota bilingüe, que comúnmente tendrá amos que jamás se han preocupado por "hablar perro"
Existe agresividad intra en inter específica, esto es, dentro de la misma especie canina o hacia otras especies, acá nos centraremos en la segunda, dado que se refiere principalmente a los ataques a personas, sin aspirar a describir todas las posibles situaciones de ataque ni factores de riesgo, sino a modo general.
La agresividad se define como la tendencia a actuar o a responder violentamente, la respuesta violenta en animales es una conducta natural relacionada con la supervivencia, por lo que dentro de ciertos márgenes y contextos no es una característica anómala ni que podamos erradicar totalmente, el manejar la agresividad en perros parte por reconocer las situaciones que desencadenan reacciones agresivas, luego saber interpretar las señales de advertencia del animal y el cómo reaccionar a ellas. La predisposición a atacar en un perro está fuertemente determinada por su desarrollo, en especial durante la impronta (etapa más sensible de la infancia), experiencias traumáticas o positivas, su grado jerárquico y enseñanza, además puede haber respuestas motivadas por factores orgánicos, como irritabilidad por dolor o problemas neurológicos.
El perro aprende a relacionarse con su entorno en base a experiencias, posee instintos que lo predisponen a ciertos patrones de conducta y el resultado de sus acciones determinará que conductas se repitan con mayor frecuencia o se inhiban, a esto se le llama condicionamiento, existe el condicionamiento clásico o el instrumental u operante, sin ahondar en ninguno podemos decir que en estos hay tres estímulos que pueden seguir una acción determinada, el refuerzo positivo, o sea una consecuencia grata a lo ejecutado que aumentará las probabilidades de que la conducta se repita, el condicionamiento negativo, o sea una consecuencia negativa, pero también enfocada a que la conducta se repita (como el tirón de collar al no efectuar un ejercicio) y el castigo, que es una consecuencia negativa que hará que la conducta tienda a desaparecer. Así vemos que el perro responderá según los estímulos y respuestas que vea de su entorno, siendo el principal factor ante los problemas de agresividad sus amos y las experiencias o carencias a las que sometan al animal.
Las conductas del perro en la ciudad tienen como base comportamientos desarrollados para su vida en manadas libres, con una estructura jerárquica compleja, estrategias de cacería, distribución y marcaje del territorio, etc. Aunque este es un punto actualmente discutido, para comprender al perro debemos observar a su pariente salvaje, el lobo, el único antecesor directo del perro, aunque en el pasado Konrad Lorenz hablaba de un origen dividido entre lobos y chacales, hablando de perros lupinos y chacalinos, teoría ya refutada.
El perro, ahora canis lupus familiaris, osea una sub especie del canis lupus y ya no una especie separada, debe ser capaz de cazar su alimento, luchar por el derecho a reproducirse, imponerse para comer las mejores partes de la presa, proteger su territorio de invasores y participar en la defensa, ya sea por alerta o mediante la agresión real de la manada, estas situaciones requieren de una potencial agresión, esto variará según el rol que juegue dentro de la manada, existiendo desde un macho Alfa, pasando por la hembra Alfa, los adultos, los más jóvenes y así distintos grados de subordinados, siendo el fondo de la jerarquía los cachorros y los llamados Omega, que son individuos más débiles que aunque también cumplen un rol en el grupo están relegados a la periferia del territorio y no gozan de privilegios, además de ser el foco de agresión de los demás, un fenómeno que se ve en otros animales gregarios como el humano y parece tener una función de liberar tensiones dentro del grupo.
De esa estructura jerárquica surge el primer tipo de agresividad, llamado agresividad por dominancia o competitiva, en que el animal busca imponerse ante los demás por el derecho a reproducirse y alimentarse de las mejores partes de las piezas de caza, a los que logran rangos más altos y poseen una mayor predisposición a la lucha por este fin se les llama dominantes, por el contrario quienes aceptan su subordinación con mayor facilidad son sumisos, un perro no es dominante y sumiso por si sólo, sino que lo es en relación a otros, por eso no existe un Alfa si no hay una manada, en el caso de nuestro entorno cotidiano el rol de manada lo cumple la familia humana.
El perro muestra también defensa de su entorno, lugar de descanso y áreas de caza, es la agresividad territorial, típica cuando un desconocido se acerca a la reja o alguien intenta asomarse por la casa del perro.
Como animal cazador, el perro debe poseer el instinto de atrapar y matar a la presa, a esto se le llama agresividad depredadora, la cual se desencadena normalmente ante el movimiento, como personas que trotan, huyen o bicicletas, no se debe confundir el instinto de presa que se desata con juguetes o pelotas con un ataque real a un ser humano, aunque la línea presa – lucha – defensa es a veces delgada.
En una jauría cuando la presa cae los perros/lobos de rangos más altos comerán primero las partes más nutritivas y sólo después se alimentarán los subordinados, esa constante tensión a la hora de alimentarse por retener lo cazado también se ve en perros domésticos y se da con frecuencia la agresión por protección de los recursos, no hay que olvidar que los juguetes para el perro también simulan presas, por lo que la posesión y la defensa de estos se da de la misma forma, la intensidad de la respuesta agresiva dependerá del atractivo de la presa y las condiciones nutricionales del animal.
En el caso de las hembras se da la agresividad maternal, por protección de los cachorros o incluso de objetos que simulen un cachorro en el caso de la pseudo preñes. La defensa de las crías o de otros miembros del entorno cercano es un importante detonante de agresiones.
Frente a individuos de la misma especie y sexo se puede presentar agresividad sexual, siendo siempre más difícil la convivencia de dos machos o de dos hembras que de sexos diferentes.
Según el grado de seguridad del perro o de la amenazas del entorno el miedo también es un factor desencadenante de respuestas defensivas, en general este tipo de agresión va anunciada previamente por advertencias repetidas, buscando el perro evitar la situación de conflicto antes que morder, el mordedor miedoso lo hará al sentirse acorralado, asustado de improviso o al ver que sus gestos corporales como erizar los pelos de la espalda o mostrar los colmillos no ahuyentan al agresor.
La agresividad también puede ser redirigida, no manifestándose directamente sobre la fuente de amenaza, que se encuentra fuera de alcance, sino sobre lo que está más a mano, por ejemplo el perro que muerde a su compañero mientras alguien pasa por el otro lado de la reja.
Una forma no menos común de agresividad es la agresividad aprendida, como vimos antes el perro aprende en base a experiencias y si se ha fomentado respuestas agresivas las repetirá luego, pudiendo generalizarlas a circunstancias y personas diferentes, por ejemplo el amo que a su perro enfurecido le dice "calma" y lo acaricia, en realidad está felicitando al perro por su conducta, motivando a que se repita.
Así, según el contexto, vemos distintos tipos de estímulos que pueden causar un ataque, la intensidad de éste dependerá de la causa y del carácter del animal, pero a grandes rasgos, los grandes detonantes de agresión son:
- Falta de una jerarquía clara donde el perro sea un subordinado en el grupo familiar (agresividad por dominancia).
- Invasión del territorio.
- Amenaza al propio animal, miembros de su "manada" o crías.
- Estímulos dolorosos.
- Falta de capacidad para interpretar las señales de advertencia.
- Desconocimiento sobre las señales corporales y conductas del perro (malas interpretaciones).
- Carencias en el desarrollo, una pobre socialización que de por resultado un perro poco apto para relacionarse con su entorno.
Los dos últimos puntos merecen ser tocados a parte, existe una tendencia a la antropomorfismo y a hacer encajar los patrones de conducta del perro en nuestros conceptos humanos de lenguaje, así por ejemplo una mirada directa a los ojos que en humano puede no ser mal vista, en un perro es una seña de confrontación, un abrazo es una invasión innecesaria en los códigos caninos y se puede confundir con el gesto dominante de montar o poner una pata encima (y viceversa), un acercamiento frontal para un perro desconocido será recibido con desconfianza y las presentaciones entre un humano impulsivo y un cánido que parte oliendo las glándulas y orinas de sus congéneres son claramente diferentes. De esto desprendemos un par de códigos importantes:
- El acercamiento a un perro desconocido no es directo y frontal, sino de forma lateral, las miradas de costado son la mejor forma de decir "vengo en son de paz" y las posturas corporales muy erguidas frente a perros dominantes o que están en defensa de su territorio pueden detonar un ataque.
- El perro tímido buscará verse más pequeño para demostrar que no es una amenaza, pero en defensa si ve que sus señales no tienen efecto también puede morder, el perro dominante busca hacerse notar y verse más grande, se erguirá, levantará su cabeza, orejas, cola y si no ve subordinación por parte del contrario podría llegar a morder, un gesto máximo de dominio es la monta, sobre otro perro o en la pierna de las personas, eso normalmente no es correctamente interpretado por las personas.
- Antes de atacar el perro seguro de si mismo enseñará sus dientes, abrirá su hocico, mirará de frente y separará sus patas traseras para embestir, dependerá del grado de socialización que haya tenido y su carácter y nerviosismo si insistirá con estas posturas por mucho tiempo o atacará de improviso, también depende de esos factores el punto al que llegará su ataque dependiendo la respuesta del otro individuo.
El último factor es el desarrollo correcto de las habilidades sociales del animal, un perro que no aprendió a relacionarse con otros de su especie, a someterse a su madre, a definir roles con sus hermanos, a controlar su mordida y jugar correctamente y que no conoció suficientes estímulos en sus etapas tempranas no reaccionará correctamente a las señales de otros y presentará mucho mayor ansiedad y stress ante los estímulos del medio, siendo mucho más propenso a problemas de conducta como la agresividad descontrolada.
El stress por confinamiento o encierro es un factor capaz de producir conductas neuróticas en perros, el espacio reducido donde deben interactuar muchos seres vivos o la falta de estímulos aumenta los roces y aumenta la intensidad de la defensa del territorio y la protección del recurso. Al no haber un espacio libre de interacción no hay más salida al stress que la agresión y el exceso de energía puede llevar incluso a conductas autodestructivas. Es importante que el perro, como atleta nato, tenga satisfecha sus demandas de ejercicio y espacio, siendo acá un factor muy importante la elección de la raza y del cachorro, habiendo algunas mucho más activas que otras dependiendo de su complexión física, tamaño, peso y selección.
Entre las 3 y 7 semanas de vida aproximadamente, en la etapa llamada impronta, luego del despertar, donde los sentidos del perro comienzan a funcionar y empieza a absorber los estímulos del entorno, se encuentra la etapa más sensible de su vida, ahí el perro establecerá su "homeostasis emocional" y esta sensibilidad, auque en menor grado, se mantendrá hasta cierto punto por toda su juventud, siendo muy importante el evitar situaciones traumáticas y la aproximación gradual y temprana a todos los elementos que de adulto formarán parte de su entorno. De todo esto se desprende la importancia de no comprar perros en pet shops donde crecen en jaulas ni en criaderos masivos donde las carencias predisponen a problemas futuros.
Cabe mencionar que no existen estudios científicos que hablen de mayor predisposición a la agresividad según razas caninas, y que la selección poco seria de nuestro entorno cotidiano (cruza vecino – vecino) tampoco se da para que las razas sean claramente identificables según sus conductas, pues es el criterio estético o el simple lucro el que domina y sin selección todo rasgo queda al azar o se pierde, así por ejemplo ¿podemos decir que los ovejeros alemanes que venden en el barrio serán buenos guardianes como su raza dicta si a los padres los cruzaron por bonitos y no por sus aptitudes? Esto se aplica a cada rasgo del animal y el prejuicio racial debe ser considerado sólo a rasgos muy generales, siendo el individuo, los factores antes mencionados y su entorno los verdaderos determinantes. Podemos indagar el carácter de los padres y abuelos de un perro para hacernos una idea de lo que ha influido la herencia genética en el resultado final, pero sin olvidar que en muchos casos incluso dentro de la misma camada se encuentran ejemplares muy opuestos, además la predisposición genética no es más de un 20% de lo que el perro mostrará de adulto, el 80% restante tiene que ver con todo lo antes mencionado.
La agresividad natural difícilmente se presenta en forma espontánea sin señales previas, es una característica de animales gregarios, aún con mucho de su origen salvaje, que en ningún caso pueden permitirse generar conductas que los extingan a si mismos. El ataque de un perro a miembros de su entorno familiar, la forma más común de agresión, es normalmente consecuencia de una subordinación insuficiente y/o una mala socialización del animal, junto con una pobre capacidad de los amos por interpretar las señas que su perro ha dado a lo largo del tiempo o de las carencias a las que pudieron haberle sometido.
El factor racial es sólo uno más a la hora de definir la propensión a mostrar respuestas agresivas, para encontrar la causa de estas debemos ver el contexto del ataque, posibles detonantes, situaciones traumáticas o maltratos a los que pudo haber sido sometido, averiguar sobre el carácter de los padres buscando una predisposición hereditaria, saber cómo se desarrolló el animal y qué tan competentes y responsables fueron sus amos en su educación, si fueron capaces de comprender las señales de su mascota y no sólo haberse preocupado del factor cariño, y por último, de no encontrarse una explicación lógica a la respuesta agresiva se debe buscar alguna falla orgánica TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://cid-aa3e82dccb346eae.spaces.live.com/blog/cns!AA3E82DCCB346EAE!156.trak Weblogs that reference this entry
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